—¡Ah! repuso sir Evandale con una sonrisa irónica.
Lord William prosiguió.
—Yo soy el primogénito. La ley me da el título, las tierras, los señoríos, un asiento en el Parlamento...
—Y a mi, nada; ya lo sé, dijo sir Evandale con acento resignado.
—Y eso me indigna.
—¡Ah! ah! repuso sir Evandale irónicamente.
—Desgraciadamente, la ley no permite que yo renuncie todas esas ventajas y que divida con vos la fortuna.
—Yo no os pido nada, milord, dijo secamente sir Evandale.
—Esperad un poco, hermano mío, contestó lord William sonriéndose afectuosamente.
Sir Evandale se quedó mirándolo.