—Tengo bastante por el momento, dijo. Si necesito más, te volveré a pedir.

Y dio un paso hacia la ventana, pero volviéndose de pronto añadió:

—Tom ha partido, ¿no es verdad?

—Sí, esta tarde.

—Entonces, dijo Nizam, cuyos ojos brillaron con un fulgor siniestro, ha llegado la hora. Podemos obrar sin temor.

Y saliendo por la ventana, dijo aún antes de descolgarse:

—Duerme tranquilo... serás lord.

Y desapareció como una sombra.


XXVIII