—Yo, estoy rabiando de sed.
—¡Y pensar que no hay una gota de agua en este maldecido país!...
—Eso consiste, respondió el teniente Percy filosóficamente, en que la nieve que veis allá arriba en la cima de las montañas, no se ha derretido todavía.
—Y es muy probable que no se derretirá jamás, respondió el capataz John.
—Lo que quiere decir, añadió Percy, que no hay que contar con ella.
—Esa es mi opinión. Pero ¡qué diablo! se me figura que no tardaremos en encontrar una villa, una aldea, una venta siquiera....
—A dos leguas de aquí tenemos la aldea de Pembleton.
—¡Ah! dos leguas, a esta hora de calor, es demasiado!
—Tranquilizaos, John, nos detendremos antes.
—¿Dónde?