—La verdad, teniente, dijo en fin, ¿es que el sol os ha lastimado la cabeza?

—¿Por qué me preguntáis eso?

—¡Toma! añadió John, se me figura que os burláis de mí.

—De ningún modo, John.

—Pues ¿cómo podéis ganar por aquí cien libras?

—Ese es mi secreto.

—¡Ah!

—Y vos podéis contar con cincuenta.

—¿Yo?

—Sí, amigo mío, pero para eso es necesario hacer lo que después os diré.