—Escuchad y lo sabréis. ¿No habéis notado que cuando nos detuvimos en Perth para hacernos cargo del presidiario que no puede andar, el alcaide de la cárcel me entregó un canuto de hoja de lata?
—Sí, el que lleváis colgado a la cintura.
—Este es en efecto.
—Bien, dijo John, ¿y qué?
—¿Sabéis lo que contiene?
—No, a fe mía. No me he atrevido a preguntároslo.
—Esta caja contiene una víbora azul.
—¿Y qué es eso?
—Un reptil de la India, grande como el dedo meñique.
—¿Y cuya picadura es mortal?