El teniente Percy se echó a reír.

—Hay por esos mundos de Dios, dijo, un hombre bastante poderoso para comprar a todos los empleados de presidio de la libre Inglaterra.

—¡Ah! Y..... ese hombre.......

—¡Chito! dijo el teniente Percy, dentro de un rato os pondré al corriente de todo.......

Y se levantó de pronto añadiendo:

—¡Esperad!

Un hombre acostado en la yerba a algunos pasos de distancia, y cuya presencia nadie hubiera podido sospechar, levantó la cabeza en este momento, y mirando al teniente Percy, le hizo un signo misterioso.

Aquel hombre era el Indio Nizam.


XXIX