Y el teniente Percy dio la caja a Nizam.

Este sacó entonces del bolsillo una cartera grasienta y tomó de ella dos billetes de veinte y cinco libras cada uno.

—Aquí tenéis cincuenta libras, dijo, a cuenta de las ciento cincuenta prometidas.

—Bien, repuso el teniente, ahora espero vuestras órdenes.

—Pasaréis aquí el resto de la noche, dijo Nizam.

—Bueno.

—Después, mañana muy temprano os pondréis en marcha y haréis de nuevo alto en la aldea de Pembleton.

El teniente se inclinó en señal de asentimiento.

—Ya allí, simularéis una indisposición, y diréis a vuestra chusma que es necesario detenerse...

—¿Cuánto tiempo debo permanecer en Pembleton?