—Entonces podemos hablar.
Y el falso mendigo continuó en su posición respetuosa, permaneciendo de pie delante del joven.
—¿Qué venís a decirme? le preguntó entonces sir Evandale.
—Que todo está pronto.
Sir Evandale se estremeció de pies a cabeza.
—Los presidiarios han llegado.....
—¡Ah!
—Y la víbora también.
Y diciendo esto, Nizam entreabrió la miserable hopalanda que le cubría, y enseñó el canuto de hoja de lata que llevaba suspendido al cuello.
—Sir Jorge, dijo entonces con profunda emoción el joven Evandale, requiero de vos de nuevo el solemne juramento que me habéis hecho.