—¿Cómo? exclamó Nizam.
—Juradme que la picadura de esa víbora no es mortal.
—¡Lo juro una y mil veces! dijo Nizam; pero si mi juramento no te basta, baja mañana a la aldea de Pembleton.
—¿Para qué?
—Allí verás a los forzados y te enseñarán al pobre diablo a quien ha picado esa víbora. Entonces podrás convencerte de que a pesar de la máscara de lepra que le cubre, está lleno de salud y de vida.
—Está bien; os creo.
—Ahora, prosiguió Nizam, ha llegado el caso de que recordemos el proverbio: Ayúdate y el cielo te ayudará.
—El infierno querréis decir, respondió Evandale con amarga sonrisa.
—Sea, no me opongo a ello, dijo Nizam.
—¿Y qué esperáis de mí? preguntó el joven.