El joven lord venía radiante de alegría.
—¡Ah! querido hermano mío! dijo echándose en sus brazos, ¡no se cómo expresarte mi dicha!.... soy el más feliz de los hombres!
—Me complace en extremo, hermano, repuso sir Evandale con una punta de ironía.
—Miss Anna, me ama, prosiguió lord William.
Lord Evandale no respondió una palabra, y el joven lord prosiguió con entusiasmo:
—Sí, me ama, amigo mío; esta noche me ha confiado el secreto de su corazón.
—¡De veras! dijo sir Evandale.
—Sir Archibaldo nos había dejado solos, prosiguió lord William, y nos hallábamos en un cenador del jardín cerca de la casa.....
Miss Anna, aprovechando aquella coyuntura, puso su lindísima mano entre las mías, añadió con emoción el joven lord, y me dijo en voz baja:
—Deseaba hablaros a solas.