Y como yo la mirase con extrañeza, casi con inquietud:
—Milord, continuó, no quiero llegar a ser vuestra esposa, sin que hayáis leído en el fondo de mi corazón.—Milord, yo os amo... os amo, no porque sois un noble de elevada raza, no porque sois lord y par del reino y formaréis parte de la Cámara alta..... os amo solamente por vos, porque sois bueno, porque el sonido de vuestra voz llena mi alma de un éxtasis delicioso.
Yo llevé su mano a mis labios y la cubrí de besos.
Miss Anna prosiguió:
—He querido que sepáis esto de mi boca, milord, y que os penetréis bien de que yo no he hecho ninguno de los mezquinos cálculos de mi padre.
—¿Qué cálculos? pregunté yo admirado.
—Mi padre, prosiguió miss Anna, es, como sabéis, muy rico, pero es de baja nobleza, apenas esquire.
—¡Oh! ¿y qué importa?.....
—Por eso tiene en mucho vuestra alianza; mientras que yo.....
Y se detuvo como avergonzada.