—Acabad, miss Anna, la dije.

—Mientras que yo, prosiguió, quisiera que fuerais pobre, de origen oscuro......

—¡Querida Anna! exclamé.

Y la estreché en mis brazos.

—¡Ay! hermano mío! añadió lord William, ¡cuán largos me parecen los quince días que me separan aún de la dicha!....

Sir Evandale había escuchado atentamente a su hermano y permanecía mudo y sombrío.

—Perdonadme, añadió lord William. Los hombres dichosos son egoístas; no saben hablar más que de sí mismos.—Pero descuidad, mi querido hermano, vos seréis también dichoso y, si he de dar crédito a sir Archibaldo, la mujer que os destina.....

—¡Oh! no hablemos más de eso, milord, dijo secamente sir Evandale; no hay comparación posible entre vos y yo.

—¿Cómo pues? preguntó lord William.

—Sin duda. Vos amáis a miss Anna.....