—¿No teméis el aire de la noche?
—No; al contrario, tengo mucho calor. Este verano es cruel, hermano mío.
—Pues entonces, buena noche, dijo sir Evandale.
Y se retiró a su cuarto.
Pero antes de salir, había echado una mirada a hurtadillas hacia el lecho.
Las cortinas estaban en órden y nada revelaba la presencia del reptil que se había dormido sin duda entre algún pliegue de las sábanas.
Una hora después, el ayuda de cámara de lord William, que dormía en un cuarto contiguo, oyó de repente un gran grito.
Un grito de dolor y de angustia.
Aquel grito partía del dormitorio de lord William.
El ayuda de cámara se levantó a toda prisa y corrió al cuarto de su amo.