—¡Oh! exclamó Nizam, podemos hablar en voz alta. Un cañonazo no los despertaría, y si permanecemos, aquí mucho tiempo, te volverías a quedar dormido.
—¡Ah! dijo sir Evandale, me confirmo en lo que ya os he dicho; me habéis engañado..... mi hermano ha muerto.
—No; está dormido.
—¿Decís verdad?
—Acércate y pon la mano sobre su corazón.
Sir Evandale obedeció, y sintió en efecto que el corazón de lord William latía.
Entonces sir Evandale se volvió a Nizam.
—¿Y bien? le preguntó.
—Mira ahora hacia aquí.
Y el Indio le mostró en un rincón del cuarto un objeto, en el que sir Evandale no había reparado aún.