Aquel objeto tenía la forma de un cuerpo humano, cubierto con un paño de color oscuro.
Nizam levantó aquel paño, y sir Evandale no pudo contener un grito de horror.
¡Tenía ante los ojos un cadáver!
Un cadáver horrible, espantoso, y cuyo rostro desfigurado y cubierto de lepra, se parecía de aquel modo al de lord William.
Nizam se sonreía con aire de triunfo, como un artista que se goza en el resultado de su obra.
—¿Crees que sabrán ahora distinguir al uno del otro?
—¡Oh! imposible! exclamó sir Evandale. Si estuvieran juntos en ese lecho, yo mismo no sabría decir cuál es mi hermano.
—¡Ah! Ya ves cómo yo sé hacer bien las cosas.
—Pero..... ese... ¿está muerto?
—Sí.