Levantose en seguida, estiró los brazos, y echando una mirada estúpida en su rededor murmuró:
—¿Qué sucede? ¡Dios mío!
—Vuestro hermano ha muerto, dijo sir Archibaldo; ha muerto mientras que nosotros dormíamos.
En todo caso análogo a la catástrofe que había tenido lugar en New-Pembleton, siempre se encuentra a punto un médico inteligente para explicar de una manera satisfactoria las cosas menos explicables.
Una hora después del extraño suceso que acababa de ocurrir en la quinta, uno de los médicos célebres que habían llamado por el telégrafo, llegó de Londres.
Aquel príncipe de la ciencia no vaciló en declarar que el joven lord Pembleton, había sucumbido a la acción de un principio deletéreo particular, al que dio un nombre latino.
Y aseguró que el sueño que se había apoderado de las personas que se encontraban en el dormitorio, había sido ocasionado por las exhalaciones mórbidas que despedía el cuerpo de lord William, cuya descomposición había precedido a su muerte.
Sir Evandale manifestó el más violento dolor.
Su desesperación era tal, que se golpeaba con furor la cabeza y quería morir a su vez. Gran trabajo costó el lograr calmarlo al cabo de algunas horas.
Aquella tarde, como si quisiese aislarse en su dolor, y fuera de sí, al menos en apariencia, se salió al campo, y fue a sentarse en lo alto de una colina que dominaba la carretera.