Partieron en medio del día, en un break de caza, para ir a la estación vecina, y tomar allí el tren del ferrocarril que pasaba para Londres.

Uno de los criados de la quinta que los condujo a la estación, los vio entrar en un vagón de segunda clase, y partir a los pocos minutos.

De consiguiente lord Evandale estaba bien persuadido de que habían dejado el país.

Y sin embargo Tom no había ido muy lejos.

Al llegar a la estación vecina, descendió del tren y, dejando a Betzy continuar su camino hasta Londres, volvió a campo travieso hacia Pembleton, y cerca de él, permaneció el resto del día escondido en una zanja.

La víspera había sorprendido una cita dada por Nizam a sir Evandale.

Tom saltó las tapias del parque cuando llegó la noche, y fue a esconderse entre las breñas, cerca del árbol donde el supuesto Indio solía esperar a lord Evandale.

Las horas fueron trascurriendo lentamente.

La quinta estaba llena aún de luz y de ruido, y los numerosos convidados a la boda no habían partido todavía.

Sin embargo Nizam no tardó en llegar.