—Sí.
—¿Y si te digo donde se halla lord William, me harás gracia de la vida?
—No.
—Pues bien, dijo Nizam, te diré lo que ha sido de él, y esa será mi venganza.
Y riendo como un condenado y con voz ahogada por la presión que sufría, refirió a Tom de qué manera el cadáver del forzado había sustituido al noble lord, y como este, perdida la razón, se hallaba ahora en el puesto de aquel miserable.
Y cuando hubo acabado su relato, añadió con una carcajada diabólica:
—Pero de nada te sirve el saber que tu noble amo vive aún, pues no lograrás encontrarlo.
Arrastrando una cadena entre otros deportados que van a morir al nuevo mundo, lleva entre ellos una vida miserable, bajo el nombre fatal del forzado de quien ha tomado el puesto.......
—¿Y cuál es ese hombre? preguntó Tom.
—Eso es lo que no sabrás nunca.