—¡Habla!... ¡o te mato!

—No, dijo Nizam que procuraba ganar tiempo, y que alimentaba la esperanza de que lord Evandale llegaría de un instante a otro.

—¡Habla! repitió Tom.

—No, no..... jamás.

—¡Pues bien, muere! dijo Tom.

Y le hundió el cuchillo en el pecho.

Nizam murió sin exhalar un grito.

Entonces Tom se levantó e irguió con resolución la cabeza.

—No sé qué nombre es el que lleva mi desgraciado amo, murmuró, pero no importa. Por grande que sea la tierra, yo lo encontraré con ayuda de Dios.

Y dejando plantado su cuchillo en el pecho de Nizam, corrió a la cerca del parque, y saltando por ella, tomó precipitadamente la fuga.