Inmediatamente se declaró una vía de agua, y las bombas fueron impotentes para apurarla.
El buque se iba a pique, y en vista de esto, el capitán echó al agua las chalupas, y en ellas se amontonaron pasajeros y marineros del modo que les fue posible.
Entonces empezó para el pobre Tom una desgraciada serie de espantosas aventuras.
Durante diez y siete días, el frágil barco que lo llevaba erró sin dirección y sin brújula por la inmensidad de los mares.
Las provisiones se agotaron, el hambre llegó con todos sus horrores, y aquellos infelices empezaron a asesinarse unos a otros para alimentarse.
A los dos días de esta horrible situación apareció en fin la tierra.
Los desgraciados náufragos hicieron esfuerzos increíbles, y abordaron por último a una isla salvaje.
Pero su situación no hizo más que cambiar de faz, para ser todavía más horrible.
Los habitantes de aquella isla eran negros antropófagos.
El pobre Tom y aquellos de sus compañeros de infortunio que habían sobrevivido, fueron llevados por los caníbales al interior de las tierras.