diario de un loco de bedlam.

XXI

El Alemán Frantz Hauser se quedó mirando a Tom con extrañeza.

—Sí, respondió, he conocido en efecto a un deportado que se llamaba, o más bien, que llamaban Walter Bruce.

—Y él repudiaba ese nombre, ¿no es verdad?

—Sí, y decía que era lord: así, todos le llamábamos milord, pero de burlas, se entiende, pues sabíamos muy bien...

—No, no sabíais nada, dijo Tom bruscamente.

Frantz se quedó mirándolo de nuevo.

—La persona a quien dabais el nombre de Walter Bruce era un lord en efecto, prosiguió Tom; pero esto no hace ahora al caso. ¿Adónde lo encontrasteis?

—Hemos trabajado juntos en la misma cadena cerca de cuatro años.