—Pero, ¿dónde?
—En la Nueva Zelanda, ya os lo he dicho.
—¿Y os separasteis después?
—Sí.
—¿Por qué?
—Yo había cumplido mi tiempo. Me volvieron la libertad, y al hacerlo, me dieron a escoger entre volver a Europa o establecerme aquí.
—¿Y Walter Bruce?
—Debe también haber concluido su tiempo.
—Entonces... ¿habrá vuelto a Europa?
—No lo creo.