Sin embargo Frantz encontró por su parte a un antiguo deportado, que era pastor a la sazón y que había conocido a Walter Bruce; y naturalmente le pidió noticias suyas.

—¡Oh! dijo el deportado, hay hombres que han nacido de pie; todo les sale a medida de su deseo.

—¿Qué quieres decir?

—¡Toma! que Walter Bruce es uno de esos hombres.

Tom asistía a esta conversación, pero no decía una palabra. Su corazón latía con tal violencia, que parecía iba a salírsele del pecho.

—¿Conque Walter Bruce es tan dichoso? preguntó Frantz.

—Más de lo que podía apetecer.

—¿Dónde se halla?

—A cien leguas de aquí, hacia el noroeste.

—¿Lo has visto?