—¡Esperemos! dijo.

—Esperemos, repitió Marmouset.

Y ambos miraron a sus compañeros que parecían anonadados, poseídos de un desaliento mortal.

—Amigos míos, les dijo Marmouset, no hay que pensar siquiera en seguir adelante: ya lo veis, el camino está cerrado.

—Pues bien, dijo Juan el Verdugo, volvamos para atrás, y si vienen las gentes de policía..... ya veremos.

Vanda no hizo la menor observación: esta última catástrofe la había anonadado, y su imaginación no sabía fijarse sino en la horrible duda que la oprimía.

—¿Rocambole estaba vivo o muerto?

Esta era su sola preocupación, su única idea. Lo demás le era indiferente.

La Muerte de los Bravos dijo a su vez:

—No me queda duda, el capitán y Milon han podido salvarse.