Marmouset no respondió a esta aserción.
Volvieron pues para atrás, y se detuvieron de nuevo en la sala circular. Marmouset dio el ejemplo, y colocándose en medio de sus compañeros, dijo:
—Ahora, amigos míos, acordemos entre todos el partido que debernos tomar.
Y señalando con la mano la galería central, por donde algunas horas antes habían venido de Newgate, añadió:
—Ya sabemos adónde ese camino conduce.
—¡Mil gracias! dijo el marinero William, ¿queréis acaso que vayamos a entregarnos a los policemen?
—No arriesgaríamos en ello gran cosa.
—Arriesgaríamos en primer lugar el ser estrechamente encerrados.
—Yo me haría poner en libertad bien pronto.
—Vos, tal vez, pero yo..... que soy Inglés.