Y vacilante y llorando como un niño, Tom continuó avanzando hacia aquella casa que, de lejos, encerrada entre la espesura, parecía un nido de tórtolas.


XXXVI

diario de un loco de bedlam.

XXII

Nada más gracioso ni más poético que aquella linda habitación perdida en un océano de verdura.

La granja o casa de labor, las caballerizas y los establos, estaban rodeados de altos muros, deslumbrantes de blancura.

La casa habitación ocupaba el centro, y un frondoso jardín, esmeradamente cuidado, la cercaba por todas partes.

Tom y sus compañeros penetraron en el patio de la granja, y se detuvieron mientras se adelantaba el guía.

Un mulato de pocos años se hallaba en la puerta de las caballerizas.