Detrás de ella venía también una lindísima niña de cuatro años, que se cogía al vestido de la joven, y fijaba en los recién venidos sus grandes ojos admirados.

Mistress Bruce, pues era ella, conocía a Toby.

—Buenos días, Toby, le dijo.

—Buenos los tengáis, señora, respondió el pastor.

—¿Venís a ver a mister Bruce?

Y al hacer esta pregunta, fijaba con curiosidad sus miradas en Frantz Hauser y en Tom.

—Señora, respondió Toby señalando a este último, aquí tenéis a una persona que ha conocido mucho a vuestro marido.

La joven se estremeció y murmuró con una emoción mal contenida:

—¿Dónde?

—En Inglaterra, respondió Tom vivamente.