La emoción de la joven pareció ir en aumento.
—¿En Inglaterra? repitió.
—Sí, señora.
—Ya..... en Perth.....
—¡Oh! no... en Pembleton-castle.
Y Tom al decir esto tenía los ojos arrasados en lágrimas.
La joven se fijó en él con más atención.
—¿Quién sois pues? dijo en fin.
—Me llamo Tom, señora.
Mistress Bruce dejó escapar un grito: