Tom se acercó a él temblando como un azogado, y tal era su conmoción, que Toby tuvo que correr a él y sostenerlo.

Mister Bruce era un gallardo joven de veinte y siete a veinte y ocho años, y su rostro, tostado por el sol, no presentaba ya la menor traza de la horrible picadura de la víbora azul.

Miró fijamente a Tom y no lo reconoció al principio.

El pobre Tom tenía ahora la cabeza enteramente blanca.

—¿Quién es ese hombre? preguntó sir Walter echando pie a tierra.

—¡Amo mío!..... mi buen señor! exclamó Tom, ¿no me conocéis?.....

Walter Bruce arrojó un grito de sorpresa.

—¡Tom! exclamó.

—¡Ah! milord, dijo Tom con voz alterada, ya sabía yo que acabaría por encontraros.....

Mr. Bruce estrechó a Tom en sus brazos, y lo tuvo largo tiempo abrazado.