—¡Oh! milord, respondió Tom, no os ocupéis de eso..... Mis sufrimientos no son nada en comparación de los vuestros.

—Tom, dijo Mr. Bruce, antes de contaros mi historia quiero saber la vuestra.

Sir Walter hablaba con autoridad.

—Os obedeceré, milord, respondió Tom.

Y contó en seguida del modo que había dejado la Inglaterra con el designio de buscar al infortunado lord William, y la sucesión de fatales aventuras que habían contrariado e interrumpido su viaje.

—Pues yo, amigo Tom, dijo entonces Mr. Bruce, en todo lo que me ha sucedido, hay una cosa que jamás he podido explicarme.

—¿Cuál, milord?

—He estado sin memoria durante más de un año, y aun loco, según me han dicho.

—¡Ah! dijo Tom.

—El último acontecimiento de mi antigua existencia de que puedo acordarme es el siguiente. Acababa de meterme en cama en mi cuarto de New-Pembleton, y empezaba a conciliar el sueño, cuando sentí un cuerpo viscoso y frío que me subía por el rostro, y casi al mismo tiempo experimenté un dolor tan agudo, que no pude menos de arrojar un grito.