—¿Y después?

—No me ha sido posible acordarme de nada después de eso.

—¡Ah! exclamó Tom.

—Una mañana en fin, volví en mí como si despertara de un largo sueño, y..... me encontré con un grillete al pie y trabajando en una mina. Otros hombres de aspecto repugnante y cínico, encadenados y vestidos como yo, trabajaban a mi lado, amenazados de continuo por el látigo de un capataz. Yo no me di al pronto cuenta de la situación, y me puse a llamaros.....

—¡Oh! Dios mío! exclamó Tom enternecido, levantado los ojos al cielo.

—Mis compañeros se echaron a reír.

—¿Ignoráis quién soy? exclamé indignado.

—Eres Walter Bruce, me respondieron.

—Os engañáis, les respondí, mi nombre es lord William Pembleton.

Mis compañeros de cadena soltaron otra vez la carcajada.