Y como yo manifestase mi indignación de una manera bastante enérgica, un capataz se acercó a mí y me dijo:
—¿Volvemos a las andadas, Bruce?... ¿Os entra de nuevo la locura?
—¿Loco?... ¡yo! exclamé.
El capataz me volvió la espalda, y como había suspendido mi trabajo, recibí aquella noche una corrección humillante.....
Durante ocho días, grité, me indigné, apelé a la justicia de los hombres, a la de Dios.....
¡Esfuerzos inútiles!
A cuantos hablaba de mi nacimiento y de mi rango en la sociedad, sólo conseguía que se encogieran de hombros y que me mirasen con lástima. Todos me repetían que yo era Walter Bruce, natural de Perth, en Escocia, y que había sido condenado por robo a cinco años de deportación y de trabajos públicos.
Aquí Mr. Bruce se detuvo un momento, como abrumado bajo el peso de sus recuerdos.
Tom le contemplaba en silencio, con los ojos anegados en lágrimas.....