Un colono del noroeste me tomó a su servicio como pastor, y me condujo a su hacienda aquel mismo día.
Aquel colono era el padre de miss Lucy.
Mis sufrimientos, la ruda vida que había llevado, y el contacto durante cinco años con los seres depravados y envilecidos que me rodeaban; no habían podido degradar mi carácter ni destruir mi distinción natural.
Aquí entra, amigo mío, una historia novelesca de amor, que sería muy largo contarte.
Yo había olvidado a miss Anna.
Pero mi corazón no se había cerrado a toda emoción dulce, pues empecé a suspirar al ver a miss Lucy.
—Y llegasteis a amarla.......
—Como ella me amó y me ama todavía.
Al cabo de dos años, yo había conquistado la amistad y la entera confianza del colono.
Un día, al fin, me llamó aparte y me dijo: