XXXVIII
diario de un loco de bedlam.
XXIV
Tom pasó muchos meses en la hacienda, insistiendo en sus ruegos cada día y suplicando a Mr. Bruce que no olvidase lo que debía a su nombre y a la satisfacción de la justicia.
—Volved a Inglaterra, milord, le decía, es necesario que recobréis vuestro nombre y que entréis como dueño en el solar de vuestros mayores.
Pero Mr. Bruce le respondía invariablemente:
—No, amigo mío, aquí soy dichoso y aquí permaneceré.
El pobre Tom se desesperaba al ver la inutilidad de sus esfuerzos.
—Escribe a tu mujer que venga a reunirse contigo, le decía además Mr. Bruce.