Pero al día siguiente volvía a la carga, aunque siempre con el mismo resultado que la víspera.
En fin, un acontecimiento inesperado vino a darle la victoria.
En Australia, las fortunas se hacen rápidamente, y se deshacen a veces con más rapidez aún.
El antiguo mundo ha creado allí un pueblo enteramente nuevo: un pueblo compuesto de aventureros y de criminales arrepentidos que han sufrido ya su condena.
Todos ellos buscan con ansia su camino, tienen prisa de crearse una posición, y así la actividad humana no tiene allí límites.
Primero presidiario, luego deportado y al fin libre, el hombre trabaja allí en las minas y hace una rápida fortuna; o bien toma el oficio de pastor, y por poco activo e inteligente que sea, salva bien pronto la línea de demarcación que separa al trabajador del propietario, o el pastor asalariado del rico ganadero.
Pero la fortuna de este último es excesivamente incierta y se halla sometida a súbitos y terribles trastornos.
El día menos pensado, el ganadero se ha acostado rico y tranquilo. Posee en sus pastos cien mil cabezas de ganado, y tiene diez y ocho leguas cuadradas de país que ha escogido por dominio, pues la Inglaterra concede la posesión del suelo a todo aquel que ha sabido conquistarlo.
Al día siguiente se despierta arruinado.
¿Cómo se ha operado este fenómeno?