Tom continuó:

—Milady, acabo de llegar de Australia.

—¡Ah! ¿de veras? exclamó la joven.

—Y he venido expresamente para veros.

—¿A mí?

—A vos, milady.

—Así, no es la casualidad la que nos hace encontrarnos.....

—No, milady; hace ocho días que ando vagando por los alrededores de vuestro palacio.

—¿Y por qué no habéis entrado?

—Porque quería veros a solas, milady.