—Se llamaba lord William Pembleton.
Lady Pembleton dejó escapar un grito.
Luego, mirando a Tom con estupor:
—¿Estáis loco? le dijo.
—No, milady, gozo de toda mi razón.
—Sin embargo, sabéis muy bien que lord William ha muerto.
—Lo he creído como vos, milady.
—Y yo lo he visto sin vida, Tom.
—No es a lord William a quien habéis visto muerto, milady.
—¿A quién pues?