—A un presidiario llamado Walter Bruce.
—¡Ah! mi pobre Tom! dijo entonces lady Pembleton, veo claramente que el dolor que habéis sentido por la muerte de vuestro noble amo os ha trastornado el cerebro.
—No, milady, yo no tengo trastornado el cerebro; no, no estoy loco.
—Sin embargo.....
—Os lo suplico, milady; dignaos escucharme hasta el fin.
Lady Pembleton pudo apenas reprimir un gesto de impaciencia.
En seguida echó una mirada en su rededor y vio que estaban solos.
Los dos lacayos, viendo que su noble señora hablaba familiarmente con aquel gentleman, se mantenían a respetuosa distancia.
—Sea, dijo en fin, hablad.
—Milady, os lo repito, dijo el antiguo mayordomo, lord William no ha muerto.