Lady Pembleton no respondió.

—¡Oh! prosiguió Tom, ya me creeréis cuando lo sepáis todo.

Y en seguida contó a lady Pembleton todo lo que sabía, todo lo que había visto y todo lo que había hecho.

Sin embargo, lady Pembleton le escuchaba con aire de incredulidad.

—¡Ah! exclamó Tom al concluir con acento de triunfo, cuando lo hayáis visto, será fuerza que me creáis.

—¿Cuándo lo haya visto, decís?

—Sí, milady.

—Pues qué, ¿no está en Australia?

—Ha venido conmigo a Londres.

Lady Pembleton palideció y no pudo ocultar su turbación.