Y Marmouset sacudió su antorcha y penetró por la tercera galería.

Esta, como sabemos, en vez de seguir un plano inclinado, subía al contrario poco a poco.

Marmouset se volvió hacia sus compañeros.

—Esta galería, dijo, que yo creía antes cegada, se divide en dos ramales, y sube de manera, que tal vez llegaremos pronto al nivel del suelo.....

—Sigamos adelante, dijo la Muerte de los Bravos.

Pero de repente, Marmouset se detuvo y apagó vivamente su antorcha.

—¡Silencio! murmuró en voz baja.

Polito se detuvo también a su vez diciendo:

—¡Que nadie se mueva!

En medio del profundo silencio que reinaba en aquellas catacumbas, un ruido extraño había llegado de pronto a oídos de Marmouset.