Aquel hombre estaba decentemente vestido.
Mr. Simouns se volvió, lo miró atentamente, y se quedó como dudando por un instante.
Su mirada parecía decir:
—Me parece que conozco a este prójimo. ¿Dónde diablos lo he visto?
—Veo que no os acordáis de mí, mister Simouns, dijo aquel hombre.
—En efecto..... y sin embargo..... me parece...
—Hace cerca de diez años que no nos hemos visto.
—¡Oh! entonces.......
El desconocido no le dejó acabar y prosiguió:
—Yo era ya un cliente de vuestro gabinete, cuando erais aún oficial mayor.