—¿De veras? exclamó Mr. Simouns.

—Yo era mayordomo de lord Pembleton y me llamo Tom. Venía aquí con frecuencia cuando os ocupabais de los negocios de mi noble amo.

—¡Ah! muy bien, dijo Mr. Simouns, me acuerdo ahora perfectamente. Sí, sí, ahora recuerdo vuestra fisonomía.

—Pues bien, Mr. Simouns, vengo a veros, y desearía hablaros de un negocio de gravísima importancia.

—En ese caso, subid a mi gabinete.

Y Mr. Simouns entró delante de Tom que le siguió de cerca.

El antiguo mayordomo de Pembleton no volvió a pronunciar una palabra, hasta que se halló instalado en el gabinete particular del solícitor.

—¿Seguís sirviendo siempre a la noble familia Pembleton? le preguntó entonces Mr. Simouns.

—Sí y no, respondió Tom.

Mr. Simouns se quedó mirándolo.