—He dejado el servicio de sir Evandale, pero continúo al lado de lord William.
Como era tan notorio en el Reino Unido que lord William había muerto y que sir Evandale había sucedido a su hermano, Mr. Simouns se quedó mirando fijamente a Tom, creyendo que se hallaba con un loco.
Pero Tom hablaba con convicción, y no había el menor indicio de locura ni en su mirada, ni en su actitud ni en la inflexión de su voz.
—Dispensadme, dijo Mr. Simouns, es necesario que os expliquéis con más claridad, amigo mío.
—Eso es lo que voy a hacer, si es que os dignáis escucharme.
—Bien, hablad.
El solícitor es un hombre paciente por costumbre y por deber de profesión. Positivo ante todo, sabe que en el relato más desordenado y más oscuro de un cliente, hay siempre un punto claro que puede ser útil a la defensa, y que las mejores causas no son muchas veces las más fáciles de explicar.
—Mr. Simouns, dijo entonces Tom, el honorable Mr. Goldery, vuestro predecesor, era muy adicto a lord Evandale Pembleton, el padre de lord William. Era sobre todo un hombre muy honrado, Mr. Goldery.
—Y yo me jacto de ser tan honrado como él, repuso Mr. Simouns con calma.
—Estoy persuadido de ello, prosiguió Tom, y por eso he venido a consultaros.