—Nadie os creerá, dijo.

—Sin embargo.....

—Una sola persona podría presentar un testimonio de algún valor en este negocio, prosiguió Mr. Simouns.

—¿Quién es esa persona?

—El teniente de presidio que se hizo cómplice de sir Jorge Pembleton.

—¡Oh! exclamó Tom, yo encontraré a ese hombre.

—Pero dado caso que lo encontréis, no dará ese testimonio.

—¡Fuerza será que lo haga!

Mr. Simouns se encogió de nuevo de hombros.

En fin, después de un momento de reflexión, añadió: