—¿Por qué?
—Por la sencilla razón de que el testimonio de un guarda de la chusma, es decir, de un hombre que ocupa una posición tan baja en la escala social, no inspira sino una mediana confianza; y os lo repito, añadió Mr. Simouns, ese hombre es el único que podría en rigor alguna cosa.
—Yo lo encontraré, dijo de nuevo Tom.
—Ahora, prosiguió diciendo el solícitor, suponiendo que logréis encontrar al teniente Percy y que este consienta en hablar, creéis buenamente que todo está hecho, ¿no es verdad?
—¡Toma! se me figura.......
—Estáis en un error.
—¿Cómo? exclamó Tom.
—El procurador general no se mezclará en el negocio. Lord Evandale es par del reino, tiene asiento en la Cámara alta, y es necesario, para perseguirlo, obtener una autorización del Parlamento. ¿Consentirá en ello la Cámara? Es poco probable.
En ese caso, no os quedará otra acción contra lord Evandale que el recurso de un pleito.
Y ya lo sabéis, Mr. Tom, los pleitos cuestan mucho en Inglaterra. Por lo que a mí hace, añadió Mr. Simouns, no me encargaría de emprender ese, sin que se me depositase al menos una caución de diez mil libras.