—¡Diez mil libras! exclamó Tom.

—Lo menos.

—¡Es exagerado!

—No lo creáis, repuso Mr. Simouns: y aun así, no sabré deciros si entraré en mis desembolsos.

—Pero... ¡es inconcebible, que se necesite tanto dinero para obtener justicia y adquirir uno lo que le pertenece! exclamó Tom.

—No digo que no, pero así es.

—Pero entonces....

—Entonces vuestro amo hará bien en resignarse y en adoptar el partido que le queda.

—¿Qué partido?

—El de una transacción.