Tom dijo entonces levantándose:

—Veo con dolor que me había hecho una ilusión al contar con vuestro apoyo.

—No me juzguéis a la ligera, Mr. Tom, respondió el solícitor; siempre y cuando queráis, me encontraréis a vuestra disposición y a la de lord William, para obligar a lord Evandale a una transacción.

—No queremos transacción de ninguna especie, dijo Tom con altivez. A Dios, Mr. Simouns.

—Hasta la vista, Mr. Tom.

Y el solícitor se levantó a su vez y acompañó a Tom hasta la puerta del gabinete.

—Ya nos volveremos a ver, le dijo.

—No lo creo, caballero.

—Y yo estoy seguro.

Tom tomó la puerta precipitadamente, bajó por Pater-Noster, luego por Sermon-Lane, y llegó a orillas del Támesis.