Lady Pembleton dijo estas palabras con un acento extraño.
Pero en fin, la emoción que se había apoderado de ella, pareció calmarse súbitamente.
—Deseo verlo a solas, dijo.
—En ese caso, respondió Tom, podéis subir a mi cuarto, que está en el piso superior. Betzy y yo saldremos, y en seguida os enviaré a milord.
Lady Pembleton se arrepentía ya seguramente del paso que daba, y hubiera dado algo por poderse alejar de allí.
Pero era demasiado tarde.
Tom la ofreció el brazo y la ayudó a subir, y en seguida corrió a avisar a lord William.
Este se conmovió en extremo al saber que lady Pembleton venía a verlo, y una idea consoladora pasó por su imaginación.
—El otro día no ha podido conocerme, se dijo, pero hoy es seguro que me reconocerá.
Sus fuerzas flaqueaban cuando penetró en el aposento donde le esperaba su antigua prometida.