Tom hizo una seña a su mujer y ambos salieron del cuarto.

Lady Pembleton había permanecido en pie y con el velo echado sobre el rostro; pero apenas salieron Tom y Betzy, lo levantó y dio un paso hacia lord William.

Ambos se quedaron fijos y se contemplaron un momento en silencio.

Ni uno ni otro se atrevían a hablar.

En fin lady Pembleton hizo un supremo esfuerzo y dijo a media voz:

—He querido, caballero, volver a veros, por razones que comprenderéis bien pronto.

—¡Ah! veo que me reconocéis, milady, dijo lord William.

Ella no respondió a esta aserción y añadió:

—Estamos solos aquí, ¿no es verdad, caballero?

—Absolutamente solos.