—Os he creído muerto, y Dios sabe cuánto he sufrido y cuánto os he llorado.
Y al decir esto, sus ojos se arrasaron en lágrimas.
—Os he llorado, prosiguió, y durante muchos meses, he rehusado hasta oír hablar de otra unión, pues quería vivir y morir llevando el duelo de mi primer amor. Pero mi padre me perseguía sin descanso, lord Evandale me amaba...... y al fin fatigada, vencida..... bajé la cabeza y obedecí a mi padre.
—¿Y luego? dijo lord William.
—Después, acabé por amar al hombre con quien me había casado sólo por sumisión....... fui madre, y era ya la más dichosa de las mujeres..... cuando os habéis aparecido a mis ojos..... ¡vos, a quien creía muerto!—Vuestra aparición ha trastornado completamente mi dicha, y..... aquí me tenéis completamente a vuestra merced, caballero. Vengo pues a suplicaros rendidamente que no causéis escándalo, que no turbéis la paz de que gozo y, en una palabra, que no empeñéis una lucha inútil e insensata.
—Pero, milady, dijo lord William, vuestro esposo me ha despojado infamemente.
—Ambos estamos dispuestos a hacer un sacrificio.
—¿Qué decís? preguntó lord William con altivez.
—Os será muy difícil, si no imposible, el probar que lord William no ha muerto.
—¡Oh! yo lo probaré, dijo lord William.